Han sido un par de horribles situaciones las que me han llevado a darme cuenta de que un "te quiero" no vale nada si no tienes algo más que te demuestre lo que aquellas palabras representan, algo lo suficientemente fuerte como para que no te haga dudar ni lo más mínimo de ese sentimiento, pues en cuanto dudas, ya todo está perdido. Al principio todo es muy bonito, porque te crees esas palabras y ves que coinciden con lo que te demuestran, en mayor o menor medida, pero todo esto acaba desapareciendo, porque así es lo que se llama "amor", un proceso en el que al principio se hacen mil detalles para enamorar al otro y tenerle feliz, pero todo eso acaba desapareciendo al poco tiempo, cuando la otra persona se cansa de ti. Es un horror, al menos para mí, ya que te das cuenta de que realmente no le importabas tanto a esas personas, que no te querían como te decían querer, que eran tan solo palabras surcando el aire hasta llegar a ti.

Yo intento ser detallista con todo el mundo, especialmente con aquellas personas que lo son conmigo. Pero a veces te cansas de dar y dar y no recibir ni una mísera muestra de apoyo ni cuando te encuentras mal. Sí, ya no hablo sólo de parejas, hablo también de la amistad. Es cierto que mantener a muchos amigos es complicado, más en estas épocas de estudio, que hablar cada día con todos es muy difícil porque no hay tiempo material para ello y un simple saludo les dejará con ganas de más. Por eso es bueno tener un pequeño círculo cerrado de amigos, los mejores, y mantener el contacto a menudo únicamente con ellos. Quizás a diario sea exagerado, quizás eso se reserve únicamente a uno o dos que destaquen sobre el resto. Sí, porque es inevitable que unos destaquen sobre otros.

Basta un simple mensaje para hacer feliz a una persona, ya que eso significa que piensa en ti y que te quiere de verdad, a menos que veas que te habla por interés. Esos mensajes valen a veces mucho más que un "te quiero", ya que lo llevan implícito. Pero nos gusta que nos regalen el oído, eso es así, y por eso nos gusta escuchar de vez en cuando ese "te quiero" que podemos intuir, o un "te echo de menos", cualquier cosa que implique ese afecto especial. Por desgracia, a la mayoría nos cuesta mucho expresar nuestros sentimientos, ya que la sociedad nos mira un poco mal por ello, especialmente a los chicos, ya que las chicas sí que suelen decirse entre ellas lo mucho que se quieren. Pero un chico mostrando sus sentimientos suele parecer demasiado homosexual a ojos de una sociedad que discrimina a unas personas que tienen una orientación sexual diferente de la tradicional.

 El problema llega cuando te regalan los oídos por su propio interés y no para hacerte feliz. Ese interés puede ser que le hagas algún tipo de favor o que terminéis enrollándoos en cualquier lugar, por poner un par de ejemplos de las muchas posibilidades que se pueden dar. Notarlo requiere experiencia, conocer muy bien a la persona con la que estás tratando, haber caído incluso previamente en esas artimañas. Así es como una se da cuenta de que frases como "si es que no te merece, vales demasiado para ella" no son más que muestras de celos que te hacen dejar a tu pareja por hacer caso a una persona que te engatusó con mentiras para dejarte tirado porque únicamente quería que tú no tuvieses algo que ella no tenía: amor. Eso sí, mucho no amarías a tu pareja si la dejas por algo así.

El valor de las palabras

0 comentarios

Hay veces en las que nos cuesta mucho tomar una decisión porque elijamos lo que elijamos parece que siempre nos vamos a terminar arrepintiendo porque ambas decisiones conllevan el perder algo que queremos. En esos casos las personas más inmaduras suelen dejarlo en el azar, por aquello de poder echarle la culpa al destino en caso de haber tomado la decisión incorrecta, cuando la culpa sigue siendo tuya por haber dejado a manos de la suerte una decisión que significaba tanto para ti o para los demás.

El caso es que esta no es del todo una mala idea, ya que la mayoría de las veces nos damos cuenta de lo que realmente queremos en el momento en el que lanzamos la moneda al aire. Sí, es en ese momento en el que cerramos los ojos y cruzamos los dedos deseando que al abrirlos veamos que ha salido lo que realmente queríamos. Muchas veces, si sale lo que no queremos, volvemos a lanzar la moneda una segunda vez para que salga lo que deseábamos y convencernos de esa forma de que lo ha elegido el destino, por si aquella decisión fuese un error. Sí, porque no todas las decisiones que deseamos tomar nos llevan por el buen camino.

¿Por qué echarlo a suertes entonces? Es de cobardes hacer algo así si finalmente la decisión la vas a tomar tú y sólo te vas a engañar pensando que la ha tomado otro, un tal destino que a veces incluso te niegas a aceptar que exista. Sí, porque lanzar la moneda hasta que salga el resultado que desees y decir que las otras eran de prueba es lo mismo que si tú tomaras la decisión. A veces incluso puedes necesitar hasta más de diez lanzamientos hasta que el destino se canse de decirte lo que debes hacer e igualmente acabas haciendo aquello que querías pese a que todo te indicaba que no lo decías hacer. ¿Qué sucede luego? Sí, que nos damos cuenta de que aquella decisión no fue la correcta y nos va mal.

Así es, nuestra decisión acaba siendo la incorrecta y le acabamos echando la culpa al destino, al azar. Nosotros no tuvimos nada que ver en aquella decisión, cuando no es verdad. Incluso habiendo hecho caso a lo que dijese la moneda, la decisión de que fuese el azar quien eligiese la tomaste tú, y hay cosas que son demasiado importantes como para dejarlas en el azar. Hay decisiones que no son tan irrelevantes como qué ropa te pones hoy o qué te haces para comer. No, hay decisiones que pueden cambiar todo tu futuro y el de los demás. ¿Quieres dejar ese tipo de decisiones en el azar? Si lanzas una moneda al aire, que sea únicamente para estar seguro de qué es lo que realmente quieres, pero no digas que fue el azar quien lo decidió.

Lo echamos a suertes

0 comentarios

Desde que nació el fenómeno de Gran Hermano, los reality son uno de los productos televisivos con más ingresos, más si tenemos en cuenta su relativamente reducido coste. Este tipo de productos tuvieron un gran éxito debido a lo cotillas que somos las personas, algo realmente ilógico si nos ponemos a pensar que no conocemos de nada inicialmente a esas personas que participan en el reality, aunque esto es algo que luego se modificó introduciendo a personas famosas en los realities. De todas formas, al espectador le da igual no conocer a las personas que conforman el reality, pues les acabará conociendo y cogiendo aprecio o desprecio y se interesará por ver su día a día y por ver si le va mal o bien. ¿No veis que esto se puede aplicar a algo de internet? Sí, a las redes sociales.

En las redes sociales, somos muchos los que nos ponemos a cotillear las fotos y estados de las personas que nos interesan, generalmente de personas que conocemos, especialmente antes que este tipo de información estaba reservada a amigos. Hoy en día, gracias a Twitter, compartimos nuestra vida con todo el mundo, los conozcamos o no, lo que hace que cualquier persona pueda cotillearnos sin que ni siquiera lo sepamos porque no tiene ni la necesidad de seguirnos, puede agregarnos a una lista privada sin que nos enteremos. Yo conozco a varias personas que son bastante adictas a esto de cotillear los perfiles de otras personas, personas que a lo mejor ni conocen de nada, pero que les resultan interesantes. Yo, es cierto que alguna vez cotilleo algún que otro perfil, pero es algo muy ocasional y sólo lo hago en el caso de personas que conozco y que son especiales para mí.

Pero otra de las características de un reality suele ser la participación del espectador, ya sea mediante votaciones a través de internet o de SMS y demás timos telefónicos. Mediante estas votaciones se decide qué sucede con los concursantes, para bien o para mal, y lo aprovechan para conseguir un dinero extra gracias a todas esas personas que votan. En Twitter somos muchos los que pedimos consejo a nuestros seguidores sobre qué nos hacemos para comer, si compramos esto o lo otro, si vamos a ver tal película o tal otra... Y sí, en cierta forma son nuestros seguidores los que deciden o influyen de cierta forma en lo que hacemos en nuestra vida. Vivimos en un completo reality gracias a Twitter.

Es más, hace unos meses comentaba con una amiga que tiene un canal en Youtube sobre la idea de lo que sucedería si mintiésemos en nuestras redes sociales, algo similar a lo que sucede en muchos realities en donde los concursantes son en realidad actores que exageran unos determinados rasgos que se quieren resaltar. De hecho, esto ya es algo que hacen casi todos los vloggers en Youtube, exagerar muchas facetas que realmente no tienen, como esa faceta de ligón que muestran algunos como Thous Carapollen o Wismichu. Pero... ¿Qué pasaría si pusieses en un tweet algo inventado? Sí, si gastases una broma a todos tus seguidores, algo como que has dejado embarazada a tu novia o que le has puesto los cuernos y te sientes fatal. Mi madre es una de las personas que más cotillea mi Twitter para saber de mí, y seguro que pondría el grito en el cielo pensando que voy a ser papá al leer lo primero, cuando para nada es verdad.

Ya sabéis que internet está lleno de mentiras, y la televisión no es menos en ese sentido. Y sí, podemos ver Twitter como un reality que nos entretiene cuando estamos aburridos, al igual que lo hace el ver la vida de los vloggers en Youtube, que no es muy diferente de programas como Gran Hermano, donde siempre tenemos que pensar que igual no todo eso es real o que no es tan real como nos lo intentan hacer ver. ¿Quién no ha hecho una foto en una fiesta y la ha subido a Twitter para hacer ver que se lo está pasando realmente bien? Si tan bien te lo estás pasando, no harías eso, simplemente disfrutarías de la fiesta y te olvidarías de que existen las redes sociales por un momento. De todas formas, es algo irónico el ver cómo Youtube y Twitter han acabado convirtiéndose en algo así.

Twitter como reality

0 comentarios

Estos días he estado en las presentaciones de las asignaturas, eso que siempre te acompaña los primeros días de clase para hacértelos más amenos y que no llegues a clase y te metan el primer tema a la fuerza cuando llevas dos o tres meses sin hacer otra cosa más que vaguear. Bueno, aunque a algunos profesores les da igual y te lo meten de todas formas sin vaselina ni nada, pero esa es otra historia.

El caso es que a los profesores siempre parece chocarles mucho que en las presentaciones lo que más nos interese sea el criterio de evaluación, y es que no parecen comprender que estamos ahí para aprobar y no para aprender. Para aprender ya está internet, donde se aprende al ritmo que deseas y lo que realmente deseas aprender. Yo al menos intento aprender por mi cuenta cuando algo realmente me interesa, pero aquí en la universidad apenas tengo tiempo para hacer trabajos siguiendo unas pautas que me enseñan casi sin entender lo que estoy haciendo. Que sí, que apruebo, pero no aprendo.

Y es que, no hay que olvidar que una asignatura que te guste se puede convertir en un infierno si la imparte el profesor menos adecuado para ello porque sus métodos de enseñanza no encajan con los que tú buscas. En este sentido tengo que reconocer que las dos asignaturas que más me gustan de este cuatrimestre me las da un profesor que me decepcionó con su modo de impartir la anterior asignatura que me dio, donde nos regaló un 7 a toda la clase menos al pelota de turno que le puso algo más. Sí, aprobamos con gran nota, pero no aprendimos nada. Yo quiero aprender a la vez que apruebo, pero no es nada fácil, por eso me intereso en los criterios de evaluación para saber cómo aprobar, que es lo que realmente me interesa ahora. ¡Ya llegará en verano lo de aprender si hace falta!

Los criterios de evaluación son muy variados, ya sea porque el examen final es tipo test, porque ese examen sólo valga un 20% de la nota final, o porque haya que asistir a conferencias y demás para conseguir un 10% de la nota. Hay que estar muy al día de cómo se consiguen los puntos en cada asignatura, más si deseas conseguir una buena nota y no te conformas con un 5, ya que entonces debes ir raspando un poco de cada uno de los sistemas para conseguir nota. Y sí, eso implica no faltar nunca a clase.

Sea como sea, yo pienso que Bolonia es mucho peor que el sistema anterior. Aquí es muy fácil aprobar sin aprender, pero ni se aprende ni se facilita el aprobar a quien ya lo sabe y por eso no asiste a clase. Este sistema sólo facilita que el día de mañana nos presentemos a trabajar sin tener ni idea y nos toque aprender sobre la marcha. Y, claro, así va España.

Criterios de evaluación

0 comentarios
Las máquinas no tienen sentimientos, sólo pueden ser programadas para simularlos. Sí, recientemente hemos visto cómo incluso los muñecos lloran gracias a esta magia de simular sentimientos, pero realmente el muñeco no siente nada, simplemente expulsa agua por sus ojos cuando se activa cierto mecanismo. Por mucho que evolucione la inteligencia artificial que estoy empezando a estudiar este mismo año, una máquina no puede ni acercarse a comprender lo que puede sentir un ser racional. Aunque, muchas personas tampoco son capaces de comprender lo que sienten los demás. Sí, me estoy refiriendo a la empatía.

La empatía es la identificación mental y afectiva que tenemos con el estado de ánimo de otra persona, es decir, saber ponernos en el lugar de otra persona e imaginar de forma bastante acertada lo que puede llegar a estar sintiendo ante una determinada situación. Sí, cada persona reacciona de una forma diferente ante una misma situación, incluso una misma persona reacciona de forma diferente ante una situación según su estado de ánimo y las cosas que tenga en su cabeza, pero siempre podemos llegar a hacernos una idea, porque el ser humano tiene en mayor o menor medida la capacidad de empatizar con otro ser.

Sin embargo, el hecho de que todos seamos diferentes, hace que a veces no calculemos del todo bien cómo puede reaccionar otra persona, porque no lo haría de la misma forma que nosotros. Hay personas que no se ven demasiado afectadas por sus sentimientos, que son heridas tan fácilmente por las palabras, que simplemente les importa lo que ellos mismos vean ante el espejo, y que les da igual si están solos o rodeados por otras personas. Yo no soy de esas personas, yo soy una persona que se ata muy fácilmente a los sentimientos, ya sea a una amistad o una relación de amor, no puedo soportar que se rompa como si nada y verme obligado a no saber nada de esa otra persona sólo porque esa persona no quiera saber de mí. Lo peor es que esto suele pasar de forma brusca, sin que ni siquiera lo veas venir, y se te obliga a buscar una sustituto para algo que en la mayoría de los casos es insustituible. Sí, es entonces cuando la mayoría de personas acaban tirando del alcohol o de otras drogas. Yo suelo tirar del azúcar, que también es una droga a mi modo de ver y que también tiene sus efectos contra la salud.

Es verdad que en muchas ocasiones no se puede poner un final progresivo a una relación, pero hay que intentar ponerse en el lugar de la persona a la que dejas abandonada y pensar que quizás lo pasará mal por todo esto y que un simple abrazo o unas palabras de apoyo pueden hacer mucho más de lo que puedes llegar a pensar. Las personas no somos máquinas que tengamos un botón que nos haga eliminar recuerdos y generar otros nuevos, o cambiar los roles de las personas que nos rodean. Al igual que no puedes odiar fácilmente a un gran amigo a no ser que se porte muy mal reiteradamente o que te haga algo muy grave, tampoco es fácil dejar de amar a una persona por el simple hecho de que ella ya no te ama. Los sentimientos son generalmente algo muy poderoso que cuesta eliminar.

Sentimientos máquina

0 comentarios